Las universidades enfrentan cada vez más presiones para hacer de la empleabilidad de los estudiantes una máxima prioridad.

La presión proviene de múltiples fuentes: los padres, los empleadores, los Gobiernos y, sobre todo, los propios estudiantes. En Estados Unidos, por ejemplo, alrededor del 85 % de los estudiantes de primer año de universidad afirman que la colocación profesional es una de sus principales motivaciones para cursar estudios postsecundarios, frente al 68 % en 1976.

El foco en la empleabilidad es incluso mayor en la era de la COVID-19, ya que el aumento de los costos de la educación superior y la disminución de las oportunidades de empleo llevan a muchos estudiantes a preguntarse si los estudios universitarios valen la pena.

El mundo académico debe considerar la mejor manera de aceptar estos cambios de expectativas y actitudes. Muchas instituciones de educación superior ya lo están haciendo. El llamado aprendizaje experiencial, o con integración laboral, es una tendencia creciente en los campus de todo el mundo. Estos modelos pueden adoptar múltiples formas, desde las pasantías a los programas de aprendices y –cada vez más en el contexto de la COVID-19– los proyectos de empleadores en línea realizados en entornos digitales.

Una opción es incorporar eficientemente estas oportunidades en el ciclo de vida de los estudiantes, en lugar de exponerlos a ellas de manera ocasional. En Northeastern University, por ejemplo, después del primer año los estudiantes alternan cada seis meses entre un curso de rigurosa formación académica y un período de trabajo remunerado con un empleador en Estados Unidos o en el extranjero. En Perú, la Universidad Continental ha desarrollado un plan de estudios similar basado en la experiencia.

Independientemente de cómo se organicen estos programas, investigaciones recientes ha revelado que los empleadores ven el aprendizaje con integración laboral como una estrategia de adquisición de talentos en un momento en que los gerentes de contratación están empezando a centrarse en las habilidades de los postulantes y a dejar de depender de las credenciales académicas tradicionales. En una encuesta realizada en 2018 a 750 líderes de recursos humanos en Estados Unidos, el 23 % de los entrevistados dijo que había hecho esfuerzos formales para restarle importancia a los títulos en favor de las habilidades, mientras que otro 39 % estaba considerando ir en esta dirección. Esta tendencia se amplía ahora con el enfoque que surgió en 2020 sobre la equidad racial y laboral.

Fotografía gentileza de la Universidad Continental del Perú.

La misma encuesta mostró un creciente reconocimiento del valor de las habilidades adquiridas por los estudiantes a través del aprendizaje en línea. La mayoría de los entrevistados – 61 % – dijo que las acreditaciones conseguidas en línea eran, en general, de la misma calidad que las habilidades adquiridas a través de cursos presenciales, en tanto que el 52 % cree que, en el futuro, la mayor parte de los títulos más avanzados se cursarán en línea. Es importante considerar que esto fue antes de que el uso de modelos de aprendizaje a distancia se volviera casi universal debido a la pandemia.

El rol más destacado en el desarrollo de habilidades que están desempeñando actores tecnológicos como Google, IBM y Amazon, con sus credenciales alternativas, también está poniendo un énfasis adicional en las competencias y acelerando el desarrollo del aprendizaje con integración laboral. Y la digitalización de la educación y la formación de habilidades asimismo están creando nuevas oportunidades en el mundo del capital de riesgo y el capital privado. Los inversionistas han financiado empresas emergentes para ayudar a las universidades a crear las plataformas en línea necesarias y ampliar las matrículas a través de un uso más sistemático de estrategias de marketing digital y tecnologías innovadoras, como la inteligencia artificial (IA). Por ejemplo, muchas universidades están usando chatbots para automatizar sus primeras interacciones con los posibles candidatos, aumentando la eficacia operacional.

Las organizaciones multilaterales de desarrollo también están ayudando a orientar la educación superior en la dirección del aprendizaje con integración laboral, donde la digitalización tiene un papel cada vez mayor. La Corporación Financiera Internacional (IFC), la entidad del Grupo Banco Mundial dedicada al sector privado y que invierte en mercados emergentes, ha dado a conocer su iniciativa Vitae para incentivar a las universidades a evaluar su capacidad de preparar a los estudiantes para la fuerza laboral.

A veces se pueden obtener estos conocimientos sin tener que hacer grandes inversiones financieras. Puede ser algo tan sencillo como asegurarse de que todos los estudiantes completen una encuesta en línea al finalizar las pasantías, lo que ayudará a la universidad a elaborar un perfil del graduado. En otros casos, las universidades incorporarán plataformas innovadoras, como Graduway o Symplicity, para digitalizar sus servicios de orientación profesional.

Por supuesto, es probable que algunas universidades más tradicionales muestren cautela ante el aprendizaje con integración laboral y la digitalización, prefiriendo confiar en el poder de su prestigio para que sus graduados ingresen al mundo laboral. Pero los últimos 20 años han demostrado que incluso las empresas más grandes y de larga trayectoria pueden quedar rezagads en medio de los avances de la tecnología. Los responsables de las universidades harían bien en tener en cuenta estas advertencias, y aprovechar los numerosos actores públicos y privados que están dispuestos a establecer asociaciones con dichas instituciones para guiarlas por la senda del futuro.

Alejandro Caballero es especialista principal en Educación de IFC. Sean R. Gallagher es profesor ejecutivo de Políticas de Educación de Northeastern University. Este artículo se publicó originalmente en la revista Times Higher Education.